Martes 08/10 – LA MÍTICA SAMARCANDA.

Nos levantamos sin prisas. Desayunamos. La distancia que nos separaba de Samarcanda eran apenas 280 kms. Acordamos pasar la mañana de visita por la ciudad, después comer y salir por la tarde con calma hacia nuestro siguiente destino.

Las motos ya empezaban a acumular mucha suciedad y antes de salir de turisteo decidimos ir a buscar un lavadero y a comprar una lata para su ración diaria de aceite.

Un amable uzbeko nos acompañó hasta dar con el aceite que buscábamos y nos indicó donde podríamos darle agua a las motos.

A la ducha !!!

Con las motos a punto, vuelta al hotel y a caminar un poco por el zoco de Bukhará. Compramos algunos souvenirs y visitamos los diferentes talleres artesanos que íbamos encontrando.

Al mediodía comimos el típico plato de arroz con carne que nos preparó una amable señora en una especie de taberna por el centro.

Con la barriga llena, nos pusimos en marcha…

La etapa, amena, con varias paradas para ver las singularidades de los diferentes puestos que se iban sucediendo en la carretera.

 

Chiringuitos 24/7 con cama integrada, techo de chapa, lugares donde podías experimentar el oximorón de tomarte un «refresco caliente».

Y llegamos, al fin llegamos a Samarcanda, la tercera ciudad más grande de Uzbekistán y en ocasiones, la ciudad más importante en la Ruta de la Seda. Nos detenemos frente a uno de los conjuntos de edificios más impresionantes de Asia Central: el Registán.

Vincenzo está pletórico, rebosa de alegría, ha conseguido su sueño; llegar desde Italia en moto a este punto mítico, el epicentro de la ruta de la seda.

Nos encontramos ante el monumento más célebre de Samarcanda. Kapuscinski, el gran reportero polaco, describió el color de Samarcanda como: «el azul celeste más intenso, el azul del agua, el azul del cielo». Es una ciudad abstracta, altiva, bella e inspiradora, la ciudad de la reflexión y la concentración, la ciudad que siempre mira hacia las estrellas.

El Registán era el corazon de la antigua ciudad, capital de la dinastía Timúrida, una gran plaza monumental donde los súbditos escuchaban las proclamas reales y también era el lugar donde se celebraban las ejecuciones públicas. Los tres grandes edificios del Registán no son mezquitas, si no escuelas coránicas (Madrasas) siendo la más antigua la de Ulugh Beg, que fuera una de las principales universidades de teología islámica en el siglo XV.

La timúrida que gobernó Samarcanda era una dinastía suní que mezcló la estirpe mongola de Gengis Khan con la turca, que habitaba Asia Central. Cuando se islamizaron adoptaron modos, costumbres y cultura persas, pues el imperio Persa había sido la potencia dominante de Asia Central. Étnicamente el pais es hoy una amalgama de todos estos diversos ancestros, gracias a la fertilidad de los rios Sir Daria y Amu Daria
Esta es Bibi-Khanum, según dicen, la mezquita más bella de todo el mundo. Hemos llegado en moto hasta aquí.

Tres enormes medrasas dispuestas alrededor de un gran patio, cada una de ellas adornada con cientos de miles de azulejos son completadas con altos minaretes y cúpulas de color turquesa.
Respecto a Bukhará, Samarcanda está un paso por delante en términos de escala y magnificencia. El mausoleo del emperador Timur, que construyó gran parte de la antigua ciudad, es una estructura abovedada adecuadamente vasta y ornamentada con un portón casi tan alto como el edificio principal. La mezquita dedicada a su esposa Bibi Khanym es una de las más grandes de Asia Central.
Tenemos que ignorar el hecho de que la mayoría de lo que estamos viendo ha sido restaurado, renovado y reconstruido varias veces, por lo que muy poco es original.

Tomamos un café y un helado en una popular terraza que se encuentra frente el monumento.

En esta ocasión el hotel elegido por dos noches es el Raykhan, reformado recientemente. Se trata de un antiguo hospital alejado del centro turístico de la ciudad.

Nos acomodamos, dejamos las motos en la parte trasera, donde nos indica el joven y desconfiado recepcionista que solo nos insistía que le abonásemos las habitaciones por anticipado.

Las habitaciones amplías, cómodas y bien equipadas, el baño con unas toallas peculiares que le daban caché al establecimiento.  Espacio patrocinado por Ferrari 🙂 .

Después de la ducha de rigor, llamamos un taxi (son extremadamente económicos) el cual nos lleva a un mega restaurante uzbeko típico, un pelin fastuoso.

Lo gastronomía uzbeka se compone de muchos vegetales, el maldito pepino, tomates, cebolla, yogur para acompañar la ensalada, verduras, berenjenas y algo de carne, todo muy especiado. Shashlik y gyozas.

Aquí dimos fin a la jornada, vuelta al hotel en taxi. Nuestra primera noche en Samarcanda.

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