Miércoles 09/10 – EXPLORANDO SAMARCANDA.

Hoy toca día completo por Samarcanda. Prohibido acercarse  a las motos que siguen durmiendo en el patio trasero del hotel, a buen recaudo. Desayunamos y salimos cámara en mano a descubrir Samarcanda.

Como dicen que una imagen vale más que mil palabras….

A cada punto que dirigíamos la vista salía una foto. La luz natural, las gentes, el ambiente, todo se tornaba un gigantesco lienzo animado.

Visitamos las madrasas, los zocos, museos, el observatorio astronómico de Ulugh Beg.

La extrema estética de Samarcanda vino de la mano de Timur el grande, el gran Tamerlán, el creador del mito de Samarcanda directamente emparentado con el gran Gengis Khan. Timur era un asesino en masa y al mismo tiempo tenía un exquisito sentido estético, convirtiendo a Samarcanda en su obsesión. La leyenda atribuye a Gengis Khan el papel de malo en la historia de Asia, sin embargo el chungo de verdad fue Timur, cuyo nombre causaba terror entre sus enemigos.

A partir del deceso de Timur Samarcanda se fue degradando, hasta el extremo de quedar la mayoría de edificaciones en ruinas. A partir de los años setenta se empezaron a reconstruir. Hoy lo que vemos es en su mayor parte rehabilitado.

Al mediodía comimos en compañía de un simpático uzbeko unos exquisitos hojaldres de carne, cocinados en un horno tradicional.

Durante toda la tarde seguimos con nuestra visita por todo el centro histórico, compras, actividades en uno de los palacios abiertos al público que ofrecía un concierto de música tradicional uzbeka.

Empezando a anochecer decidimos coger un taxi para dirigirnos al hotel, no sin antes intentar solventar un gravísimo problema que padecía nuestro amigo Vincenzo. Se había quedado sin filtros en su cafetera portátil de 12 voltios que lleva siempre consigo en su moto. Como buen italiano, el café es su gasolina particular. Así que manos a la obra. A la búsqueda de los filtros Melita para Vincenzo. Creo que recorrimos más de 8 tiendas sin éxito.

Así lo narraba nuestro reportero dicharachero.

Damos por imposible la empresa. Nos despedimos de las abnegadas señoras uzbekas y nos vamos a cenar.

Ha sido una jornada completa, redonda. Hemos recopilado muchos recuerdos que quedarán para siempre en nuestros «discos duros».

 

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