Viernes 11/10 – ENFILANDO KIRGUISTÁN.

Nuestra etapa de hoy es la culminación de esta aventura. La llegada a la ansiada meta de Bishkek. Arrancamos temprano de Shymkent, tenemos 503 kms. ante nuestras proas. Queremos llegar de día al destino. Repostamos y después de desayunar nos ponemos en marcha. Hoy toca bordear toda la frontera norte de Kirguistán en demanda del paisaje deseado y ansiado de Kirguistán, la Suiza de Asia Central.

Estamos ante una pintura al óleo. Las montañas de Kirguistán nos hacen plantearnos nuevamente el significado de viajar en moto, tantas curvas, tantos kilómetros recorridos en 20 días. Para nosotros va mucho más allá de subirnos a un invento mecánico, es un modo de conocernos a nosotros mismos y de conocer de primera mano el mundo que nos rodea. Sobre la moto se sufre y se disfruta.

Aquí se percibe cada gota de lluvia, cada olor del paisaje, cada bache del camino. Nos liamos la manta a la cabeza para recorrer países inciertos que conocemos de oídas sin saber lo que nos vamos a encontrar después de la siguiente curva. Un control, un policía corrupto, gente amable, un peligro… Quizás eso sea lo más interesante de viajar en moto, que no sabemos lo que el camino nos deparará. El paisaje va pasando a cámara lenta por delante de nosotros. Los rostros de la gente, su amabilidad o antipatía, rápidamente es detectada por un sexto sentido motero que acabas experimentando a base de kms. y kms. que se van acumulando en la espalda. Todos los paisajes por los que hemos transitado nos han dejado algo, algo que no olvidaremos nunca. La vida se ve de otra manera y se aprenden a relativizar los problemas, que antes creíamos insalvables.

Kirguistán es un paraíso remoto, poco masificado, con montañas de más de 7.000 metros. Sin embargo los paraísos pueden llegar a mimetizarse unos con otros por efecto de la ambición humana y el progreso desmedido. De momento aún es un paraíso natural donde viven los nómadas en sus yurtas. Donde pastan los caballos salvajes, los ríos discurren siempre bravos y el tiempo es impredecible, pasar del cielo al infierno en minutos es habitual por estas latitudes.

El día es frío, la carretera nueva, recién asfaltada, va transcurriendo paralela a la frontera Kirguís. Cada 100 mts. una torre de vigilancia. Los kilómetros se suceden a buen ritmo. Media mañana, tenemos hambre, estamos congelados y decidimos detenernos en un pequeño hostal de carretera para tomar algo y entrar en calor. Confiamos en que nos dejen pagar con tarjeta de crédito. Imposible, solo en metálico. Ya no nos quedaba moneda local y el cajero más próximo está a 150 kms. de distancia.

Cuando abandonábamos el local, desde una mesa, dos hombres nos hacen señas de que no nos vayamos, que por favor nos sentemos con ellos y que pidamos lo que queramos, que estaba todo pagado.

Resultaron ser dos ingenieros que se dirigían a Bishkek y que habían pernoctado en el hostal. Todo fueron atenciones y amabilidad. Les explicamos nuestro proyecto, nos explicaron el suyo (gracias traductor de Google) y compartimos una sopa con una amena conversación. Insistieron en que nos quedásemos en el hotel a dormir, que el día era muy frío.

Retomamos la ruta. Ya llevamos recorridos 450 kms. y no hemos localizado ninguna gasolinera.  Estamos en zona roja, disminuimos la velocidad para reducir consumo, empezamos a estar un tanto apurados.

Localizamos un surtidor precario cuando rebasamos el pilón que marcaba el km. 495, nos rascamos los bolsillos y localizamos algunas monedas que sobraron de la anterior entrada al país. Podemos repostar un par de litros escasos en cada moto, dos litros que nos permitirán llegar a nuestro destino.

Cortamos la frontera de Kirguistán por el paso de Sokuluk en la provincia de Kamyshanovka. Ningún problema. Preferencia de paso, caras alegres, cálida bienvenida. Kirguistán permite a los ciudadanos europeos estar 12 meses en el país sin ningún tipo de visado.

Meta. Entramos en el país. El siguiente waypoint: el hotel Astor en el centro de Bishkek, reservado del día anterior.

Llegamos a destino. Tenemos un referente con el que debemos contactar, Ricard Tomás,  el jefe de Afa Travel, un motero residente en el país, que conocimos a través de uno de los episodios de Miquel Silvestre. Tras contactar con el nos ofreció todo tipo de asesoramiento previo y ayuda para gestionar nuestra estancia y la de nuestras monturas.

Casualidades de la vida, sin conocer su domicilio, el hotel que elegimos se encuentra a escasos 200 mts. de su ubicación.

Nos presentamos en su casa. Nos explica las opciones que tenemos, donde podemos guardar las motos hasta nuestra siguiente etapa y nos recomienda una excursión para hacerla mañana. Quedamos para cenar el día siguiente y tomamos nota de todas y cada una de sus propuestas. Ricard, aparte de ser un gran motero, es un oráculo de sabiduría oriental, políglota que domina el chino, el kirguís, el inglés, empresario y es todo un referente para los españoles en Bishkek. Lleva desarrollando hace más de 25 años su carrera profesional en Asia.

Volvemos a nuestro hotel, guardamos las motos, ducha y a conocer Bishkek.

Nos vamos a cenar a un restaurante típico. Jordi se atreve con el kymys (kefir de leche de yegua) que sirven como aperitivo. Ya con la panza llena decidimos celebrar nuestra llegada sin contratiempos…

Después de libar varias copas, a descansar a pierna suelta.

Han sido 8.000 kms. hemos llegado a la meta !!!.

 

 

 

 

 

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