El maestro ruso. De Karakol a Naryn.

MIERCOLES 12/05/2021 (Karakol – Naryn) 302 kms.

Son las 08:00 y ya me encuentro desayunando en la cafetería del hotel en compañía de Carlos. Acabo y me dirijo a mi cita con el tornero ruso. Llego al punto indicado en las afueras de Karakol, todo son casas bajas, no observo ningún taller. Le pregunto a una señora si conoce al tornero y haciéndome señas me apunta a un portal pintado de color azul. A los pocos minutos aparece un señor mayor acompañado de un joven y un chucho cabrón que no paraba de morderme las botas. Inmediatamente se ponen a mirar el retrovisor y su soporte, que llevaba sueltos en la alforja de la moto.
Tras deliberar varios minutos, me invitan a entrar a su casa donde se ubicaba un modesto taller con un torno, herramientas de la época soviética y un antiguo Renault 16 turbo diesel.
A la fiesta y alertado de que en el taller había un guiri motero de reparación, se nos une un amigo chino del tornero que aparece en su flamante Yamaha tuneada al más puro estilo Aliexpress.
Mientras el maestro se encontraba enfrascado en su tarea, aprovecho para pegarle un repaso a Invencible. Engrase y tensado de la cadena, los frenos y el nivel de aceite del motor y refrigerante. Estibo bien mis herramientas y fijo el equipaje, el kit de emergencia nocturna (saco y tienda de campaña), para afrontar esta nueva etapa que me llevará a la ciudad de Naryn.
A la media hora finaliza la reparación. Impecable, el retrovisor no se volverá a mover jamás de su soporte. Reparación a la antigua, con ingenio y maestría, aquí no se sustituyen piezas, aquí se reparan. El maestro insiste en que no lo pague nada, cosa que no permito de ninguna manera, entregándole un billete de 1.000 som kirguises, que son una pequeña fortuna para ellos y para nosotros al cambio no son más que 9 euros.
Después de una efusiva despedida, sobre las 11:30 me pongo en marcha. Mi intención antes de abandonar Karakol es visitar fugazmente, desde el exterior, la pequeña Mezquita Dungan (Dungan Mosque), edificio singular de madera, construido sin utilizar ni un clavo, mezquita que lleva aparejada una curiosa historia que intentaré resumir.

¿Quiénes son los Dungan de Kirguistán?. Son chinos musulmanes.

Los Dungan son una de las muchas comunidades que habitan en Karakol. Son conocidos como Hui, una de las 56 minorías étnicas de China. Hui es la palabra que describe a todas las personas no Han, practicantes del Islam. Los primeros Dungan llegaron a Asia Central como descendientes de guerreros árabes, los cuales fueron capturados como esclavos, permaneciendo en los hogares donde habían sido empleados incluso después de la conquista rusa en el siglo XIX, cuando fue abolida la esclavitud. Sin embargo, la migración de la comunidad Dungan más importante de China a Asia Central sucedió a fines del siglo XIX, durante las secuelas de una revuelta fallida de Hui para el establecimiento de un estado independiente a lo largo de las orillas del río Amarillo. Durante el duro invierno de 1877/78, tres grupos de Dungan cruzaron las montañas de Tien Shan hacia lo que ahora es Kirguistán y Kazajstán, huyendo de la persecución después de soportar una sangrienta revuelta. El arduo viaje se cobró muchas víctimas, pero los que pudieron sobrevivir obtuvieron autorización para establecerse en el otrora imperio soviético.

Uno de los tres grupos que cruzaron las montañas en 1877 fue dirigido por un hombre llamado Ma Yusuf que estableció a su pueblo en las afueras de Karakol en un lugar llamado Yrdyk. Ciento cincuenta años después, Yrdyk sigue siendo uno de los principales asentamientos de los Dungan en Kirguistán. Cuentan con una población cercana a los 3.000 habitantes, más del doble de los 1,300 colonos supervivientes originarios y protagonistas de la gran marcha por todo el país. Después de su llegada a Asia Central, muchos Dungan se casaron con la población local y paulatinamente el idioma y la forma de vida Dungan se fueron perdiendo a medida que avanzaban las generaciones. Sin embargo en algunas aldeas como Yrdyk, al desarrollarse como una comunidad cerrada y aislada se ha ido conservando la tradición. Hasta el punto que solo estaban permitidos los matrimonios entre personas Dungan.

En Karakol se encuentra la Mezquita Dungan. Se trata de un edificio de madera pintado con colores brillantes, construido en 1910 por el arquitecto Zhou Sy sin usar un solo clavo. A primera vista, el edificio se parece más un templo chino que a una mezquita. Puedo observar los aleros flotantes del techo que se encuentran decorados con dragones, lo que hace de esta mezquita una verdadera rareza ya que el Islam prohíbe expresamente tanto la representación de personas, como de animales, en edificios religiosos. Además se encuentra pintado con colores vivos, cada uno con un significado muy específico. El verde es el color del Islam y el rojo es el color de los dragones y la protección en la tradición china. El amarillo, que es el tercer color dominante, simboliza la prosperidad y la grandeza del emperador chino.

Otro lugar donde nos podemos codear con los Dungan en Karakol es el Gran Bazar, el mercado al aire libre más grande de la ciudad. Karakol es una encrucijada cultural: una de las ciudades más concurridas de la Ruta de la Seda, ahora es la amalgama de una multitud de personas y etnias. No solo los kirguís y los rusos, sino también los uzbekos, tártaros, kalmyk, kazajos, uigures y, naturalmente los dungan.

En el bazar, las diversas comunidades participan en diferentes líneas de comercio; los carniceros suelen ser uzbekos, mientras que el 90% de los vendedores de frutas y verduras son Dungan. Cuando la gente de Dungan se estableció en el Imperio Ruso a finales del siglo XIX, les dio tierra para cultivar, destacando en el cultivo de hortalizas y, en la actualidad, la mayoría de peronas Dungan continuan trabajando en la agricultura. Por la misma razón, la cocina Dungan hace un amplio uso de verduras frescas, una verdadera rareza en Asia Central, donde suele predominar la carne.

Me quedé con las ganas de probar una recomendación que me hizo Daniel acerca del famoso menú Dungan tradicional que se realiza bajo encargo en la casa de Karim y Hamida, una pareja que organiza cenas tradicionales al estilo Dungan en su casa. Casa particular construida al estilo tradicional chino, con las habitaciones dispuestas alrededor de un patio central. El ajo cultivado por los Dungan de Yrdyk era famoso en la época soviética por su excelente calidad y todavía se sigue exportando hasta Moscú.

Las cenas Dungan deben incluir un mínimo de diez platos diferentes. Entre otros platos se componen de Ashlan-Fu, una ensalada fría de fideos Lo Mein y uno de los platos más famosos de los Dungan mezclados con hebras de maicena en un caldo de vinagreta picante, cubierto con ajo, chile y una variedad de otros ingredientes, generalmente disponible con o sin carne. Ensalada fría de fideos con verduras, pimientos picantes, berenjenas guisadas con carne, repollo, brotes de ajo con tomates, manti rellenos de la hierba ju-sai una hierba que consumió por primera vez la gente de Dungan durante su migración a través de las montañas Tien Shan. Pelmeni, albóndigas de carne rusas servidas con caldo, empanadillas al vapor, una especie de albóndigas al vapor que siempre les está permitido preparar a los hombres, mientras se cocina el resto de la comida generalmente por parte de las mujeres.

La comida Dungan es un verdadero viaje a la encrucijada de culturas y cocinas de Asia Central . Hace tiempo que estoy convencido de que una de las mejores formas de descubrir una cultura es a través de su gastronomía, en este caso moldeada a través de los siglos por el ciclo interminable de exilio, migración e intercambio.

Prometo que en mi próxima visita a Karakol voy a acercarme a casa de Karim y Hamida para dar buena cuenta del menú Dungan.

Hoy toca parar en el famoso valle de las hadas cañon en Skazka (Fairytale canyon), antes de abandonar el perímetro del lago Issik Kul, distante unos 100 kms. de Karakol. La parte Sur del lago discurre, a diferencia del norte, a escasos metros del agua. No existen edificaciones, a excepción de los pequeños núcleos de población dispersos. Aquí conviven pueblos y etnias propias de Kirguistán viviendo en las típicas yurtas. Es una zona más agreste, donde predomina la naturaleza pura.

Llego al cruce del valle de las hadas. Dromomanía estuvo aquí, coloco la pegatina de rigor en el cartel de entrada y me adentro por las pistas del paisaje marciano rojizo del cañón.

A menos de un kilómetro hay una barrera con una caseta y un vigilante ocioso. Pago 50 céntimos y para adentro.
Mi gozo en un pozo…. Inicio una pista de arena blanda que se acaba a unos dos kilómetros de la barrera de entrada. Me siento en cierta manera defraudado por las expectativas que tenía creadas. No vale la pena. En España tenemos el desierto de Tabernas que supera con creces el cañón de las Hadas. A igualdad de escenario me quedo con nuestra opción patria.


El aliciente es el contraste rojizo de las rocas con el azul del cielo, las blancas cumbres nevadas de las majestuosas montañas y el azul eléctrico del lago en un día soleado.

Es hora de comer, veo una tienda en la carretera en la población de Kaji Say. Estoy un rato hablando con el tendero y un veterano de guerra mutilado me insiste en que le deje la moto para dar una vuelta, aún no me explico como pretendía cambiar las marchas sin pierna; mientras me zampaba una salchicha con una cerveza (craso error) sentado en la acera.

Cuando acabo de comer y retomo el camino, un garrulo uniformado de policía me persigue haciéndome detener en el margen de la carretera. He caído. Me hago el loco, dado que no había entendimiento, Torrente decide ponerse en contacto con su jefe que se persona a los pocos minutos a bordo de un Lada destartalado.

Desciende del mismo un liliputiense uniformado con más medallas que Patton sacándose del bolsillo una especie de silbato, a la vez que me indicaba que soplase a pelo en la mugrienta boquilla comunitaria. Todo muy turbio. Me dice que he bebido, me sigo haciendo el loco y sin mediar palabra, el condecorado se sube al coche, arranca a toda velocidad y a los pocos minutos vuelve a aparecer con la botella vacía de cerveza que me había bebido. Con dos cojones. Ding, dong, soborno al canto.
¿Como funciona el asunto?. Los chavales, clientes de la tienda y el propietario, se chivan a la policía de que un guiri en moto se ha bebido una cerveza, la policía lo para y después de cobrar el dinerito se lo reparten piramidalmente el garrulo, el condecorado, el tendero, los chavales, el jefe de policía y el alcalde. That’s all folks !!!. Cinco euros me ha costado, esta vez, esquivar el marroncillo.

Con las últimas luces del día llego a la ciudad de Naryn, que será mi punto de partida estratégico donde asentaré el cuartel general de cara a las próximas jornadas.
Me recomiendan el hotel Grand Khan. Un hotel nuevo, de hecho aún estaban acabando las zonas exteriores. Fantástico. Nada más que decir. Lo recomiendo. Hoy toca cena en el hotel. Hay dos fiestas en los salones, me invitan a participar, me traen platos a la mesa. Se sientan conmigo y me interrogan de donde vengo. Soy el único turista occidental.

La cena está amenizada con música étnica a un volumen que debe rondar los 500 decibelios, la pista de despegue de cualquier aeropuerto es un remanso de paz al lado del equipo de música del restaurante del hotel. Madre mía….

 

Acabo de cenar y excusándome a los presentes huyo como alma que lleva el diablo. Me voy a dormir con pitidos en los oídos después del trauma acústico sufrido. Fiejjjjjtttttaaaaa.

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