Hola Paco, Eva y Daniel.

Suenen pífanos y timbales. A las 10:03 hora local logro poner en marcha la negra. Después de un buen descanso y una limpieza de filtros, revisión de bujías, gasolina limpia, ayudada con la batería del coche de Ricard, la moto vuelve a la vida.

 

Todo a tiempo. Hasta el mediodía sigo con la puesta a punto del equipamiento y las dos motos para ya desplazarlas hasta nuestro hotel después de comer.

Hoy es domingo 9 de mayo. Día de la Victoria. Es un festivo nacional. Se conmemora la rendición de la Alemania nazi en 1945, el fin de la II guerra Mundial. La gente llevan flores a la Llama Eterna de la Plaza de la Victoria en memoria a los soldados caídos. Se guardan minutos de silencio, salvas militares. Al evento acude el presidente de la nación y todos los veteranos de guerra. Hay desfile militar y cualquier ciudadano que tenga uniforme se lo pone para conmemorar la fiesta. También se observa a gente portando retratos de sus familiares que cayeron durante la guerra. El Día de la Victoria finaliza con un concierto y fuegos artificiales.

Suena el teléfono de Ricard. Los compatriotas han finalizado la visita turística que tenían programada por la ciudad y nos esperan en un bar para tomar una cerveza antes de comer.

Sin duda, un bar peculiar, con cerveza tibia. En todas las televisiones el discurso de Putin, aún omnipresente en este ex-soviético país.

 

Allí en la terraza exterior nos espera el matrimonio gallego formado por Paco y Eva, y con ellos el viajero incansable Daniel, de Valencia. Presentaciones y como no puede ser de otra forma sintonizamos perfectamente, gente sana que habla nuestro idioma y comparte nuestra locura motera, risas, anécdotas del viaje y todos a comer a un restaurante de comida local que nos había reservado Ricard. Exquisito, abundante y económico, como siempre.

 

Después de comer seguimos preparando las motos, con la intención de dejarlas listas ya en nuestro hotel para salir el lunes por la mañana rumbo a la primera etapa.

Llega la noche y nos vamos todos a nuestro restaurante favorito en Bishkek, La Vinoteka, donde somos recibidos por sus propietarios que se unen a la cena.

Finalizamos el día contentos y con ganas de que amanezca para ponernos al fin en marcha.

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