Me voy a Osh. Enduro del bueno.

JUEVES 13/05/2021 – 300 kms. de pistas. En busca de la mítica carretera del Pamir.

Mi objetivo hoy es intentar llegar a la ciudad de Osh en la mítica ruta del Pamir. A pesar de que Ricard me ha advertido sabiamente de la posibilidad de que se encuentre cerrada la pista por la que pretendo transitar hasta llegar a Osh, me voy a arriesgar, hemos venido a jugar y no viene mal de vez en cuando darle un punto épico a la etapa diaria. Voy a intentar cruzar hacia Osh por la cordillera de las montañas de Fergana a través del paso de Pereval Kaldama que se sitúa a 3.100 mts. de altitud.

 

Preparo la moto, me abastezco de algo de comida por si tuviera que acampar, cargadores de batería para el móvil, hinchador de ruedas, mi frontal, el botiquín, estibo el saco y la tienda de campaña, reviso niveles y salgo temprano para la que será una etapa dura con un final incierto. Antes de salir le informo al recepcionista del hotel de mis intenciones. Me desea suerte…

Os voy a hablar un poco de la mítica ruta del Pamir. Se inicia en Osh, que es una de las principales ciudades de Kirguistán conjuntamente con Naryn, Karakol y la capital Bishkek. Osh se encuentra ubicada en la provincia de Jalal-Abad. Las montañas del Fergana son la frontera natural entre las provincias de Naryn y Jalal-Abad.

Hay un poco de controversia sobre donde se inicia y finaliza la ruta del Pamir. En su día fue un importante tramo de la Ruta de la Seda por donde viajaron Marco Polo y decenas de civilizaciones e imperios, a día de hoy se ha convertido en una de las rutas más épicas y emblemáticas y es que la pista del Pamir o M-41, tal y como era denominada en la época de la Unión Soviética, transcurre por medio una de las cordilleras más impresionantes, remotas y salvajes que existen. Vamos a aceptar que la carretera del Pamir se inicia en Osh (Kirguistán) y finaliza en Dushanbe (Tayikistán). Son más de 1.300 kms. de pista que discurre por todo tipo de contrastes paisajísticos, geográficos y culturales. La cordillera del Pamir con montañas de hasta 7.000 mts. alberga tal cantidad de belleza y rincones escondidos que se tardarían años en poder descubrirlos todos. Desde atravesar el precioso valle de Alay hasta cruzar el paso de Ak-Baital a 4,655 mts., bordeando 300 kms. de pista con Afganistán.

Esta mítica pista lo tiene todo, tanto lo bueno como lo malo, y es que esta pista es también el canal principal por donde transcurre la heroína con destino a Europa proveniente de Afganistán, el mayor productor de opio y heroína de todo el mundo.

Osh, la meta que tengo fijada para hoy es la segunda ciudad más importante de Kirguistán.

Se encuentra en el sur del país, en un enclave geográfico altamente estratégico para todo aquel que desee viajar a China, Uzbekistán o Tayikistán, no es para nada sorprendente que Osh se haya convertido en un punto de tránsito para muchos viajeros, lo cual significa que su tímida belleza acostumbra a ser pasada por alto para la gran mayoría. Sin embargo Osh alberga una mezcla de culturas fascinantes, tanto étnica como culinaria de la que pretendo dar buena cuenta si logro alcanzar mi objetivo esta noche.

Nada más abandonar Naryn, a escasos kilómetros se acaba el asfalto. Google Maps me indica un camino para alcanzar mi primer waypoint por un camino, más apto para motos de trial que para motos de trail. Terreno rocoso, sin un ápice de tierra que desemboca en la parte trasera de una granja. Empieza a llover, empezamos bien. Vuelvo para atrás y decido a partir de ahora navegar a la antigua, por intuición. Mi rumbo es Oeste, siempre por el camino que me lleve hacia el Oeste y así lo hago. Localizo una pista alternativa y me pongo en marcha hacia Kara-Oi y posteriormente Ugut.

Hoy hay que navegar con los cinco sentidos. No hay nadie circulando por la pista y el día no acompaña.
Después de tres horas, de dudas y decisiones acertadas consigo alcanzar Ugut, una pequeña población en la rivera del rio Naryn.

Me zampo algunas galletas que llevaba en la alforja y aprovecho para repostar. Los kilómetros transcurren lentos y no puedo parar a comer formalmente. El día ha mejorado, empieza a asomar tibiamente el sol y el entorno está seco, con buena temperatura.
Sigo hasta Kazarman distante 180 kms. de mi punto de partida en Naryn. He tardado casi cinco horas en completar este tramo, entre paradas, dudas y vueltas atrás.
Son las tres de la tarde y me encuentro a unos 25 kilómetros de la falda de las montañas Fergana.
Empieza el Rock & Roll. Ante mi aparece un camino roto, húmedo con constantes vadeos de ríos provocados por el fuerte deshielo, el paisaje es espectacular.

Las primeras curvas se van sucediendo y llego al cruce que me obliga a ir hacia el Sur y que indica la subida al paso de Pereval Kaldama. Cojo aire y para arriba. Invencible empieza a perder potencia por falta de oxigeno. Transcurren las horas y de cada vez el terreno se vuelve menos transitable. Hay gran cantidad de hielo y pasos muy complicados en los que es necesario bajar de la moto para definir la forma de afrontarlos. Se sucede alguna que otra caída y en una de estas pierdo la tapa trasera derecha de la moto. Cuando me faltaban menos de trescientos metros para hacer cumbre, me encuentro la pista cortada por una avalancha de nieve. Quedo a escasos metros de la cumbre, agotado, después de haber sorteado infinidad de complicadas curvas, es imposible coronar el paso de Kaldama.

El frio empieza a ser importante, son prácticamente las 18:00 hrs., estoy en la cara Norte de la montaña y ya no pega el sol, la visibilidad empieza a disminuir, solo me queda la opción de volver atrás. Volver a sortear todos los cauces, hielo, pero esta vez bajando. El pueblo más próximo es Kazarman a 40 kms. y allí es donde me dirijo. No quiero que me coja la noche por aquí. Llevo la ropa empapada de agua y sudor y casi 9 horas subido encima de la moto.

El paso de Kaldama ha podido conmigo. Tendría que haberle hecho caso a Ricard ;-).
Alcanzo Kazarmán ya bien entrada la noche. Le pregunto a un lugareño si conoce algún sitio para pernoctar. Como es norma, en este país, amablemente me acompaña hasta un hospedaje regentado por dos chinas muy simpáticas que se llama Casa Islam, por si os apetece hospedaros algún día se encuentra en la C/ Kadyrkulova 26.

Me doy una buena ducha caliente en el baño comunitario. Soy el único huésped del hostal. Me indican un lugar abierto que hay para cenar y, como es costumbre, salgo a estirar las piernas para llegar al restaurante. No lo localizo, me dirijo a un grupo de personas que se encontraban hablando en la calle y uno de ellos me acompaña a través de un laberinto de calles sin iluminación hasta que damos con el.

Me siento y pido mi cerveza-recompensa diaria después de esta etapa infernal. Lo de siempre: no hay, pero al lado tienes un supermercado regentado por una rusa y puedes comprarla ahí y traerla, me indica el malencarado capo del restaurante. Me compro 2 de medio litro, hoy he pasado sed :-). Botella de medio litro es el tamaño estándar del país, en ese aspecto nos superan, en España tiramos de tercio y quinto, las litronas ya no son tan habituales.
¿Tienen carta?, le pregunto. No hay carta, hoy hay sopa de eneldo y pollo, señalando hacia una caja de cartón con varios pollos cocinados hace varias centurias. Venga pues, sopa y pollo. Cena que me supo a gloria después de esta dura etapa.

Cavilando durante la cena llego a la conclusión de que Invencible se ha llevado una paliza considerable. Me pregunto, que a lo mejor me estoy pasando de rosca con la moto, tiene que continuar rodando durante varios años, es mi fiel compañera de viaje y debo conservarla, lo prometo. Hoy he perdido una tapa lateral, tapa que va a reposar para siempre en las montañas del Fergana.

Al igual que la tapa, el que va a reposar esta noche soy yo. Estoy agotado y apalizado como un pulpo, pero satisfecho, hoy ha sido un día increíble que difícilmente voy a olvidar.

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