Jueves 03/10 – OTRO CORRUPTO UNIFORMADO. EMBARQUE EN ALAT POR LOS PELOS.

Salimos de nuestro hotel/gasolinera en Ganja para afrontar una etapa corta de unos 300 kms. Nuestra intención es llegar con tiempo a la explanada del puerto internacional de Bakú (distante de la capital unos 70 kms. en dirección sur, en la población de Alat). Gracias al Marine Traffic teníamos monitorizado en todo momento el herrumbroso Professor Gul, nuestro barco, un ro-ro construido en 1970 que aún se encuentra operativo cruzando el Caspio a duras penas.
No llevábamos ni 50 kms. cuando otro «policía de tráfico» impresentable, en su bmw, nos detiene en el margen derecho. Que por lo visto nos habíamos excedido de velocidad. Aquí tuvimos que soltarle una mordida porque no teníamos tiempo para discutir, nos jugábamos el quedarnos tirados 5 días en una explanada de hormigón, esperando el retorno del barco. Retomamos camino y conseguimos llegar a Alat al mediodía.
Nos habían contado que si llegabas cuando el barco se encontraba navegando en dirección a Aktau, había que esperar su vuelta en una explanada sin salir de nuevo por la aduana. Algunos viajeros se han pegado hasta 3 días “acampados” sobre el asfalto, con un único wc en deplorable estado utilizado por multitud de camioneros rusos y sin ningún tipo de servicio ni comunicación. El único comercio existente se hallaba precintado por un problema judicial. El barco llevaba atracado unas horas, por lo que, teóricamente la espera para efectuar el embarque debería ser corta.
Corta no, demasiado corta. Cuando cruzamos hacia la explanada de espera, una vez finalizados todos los engorrosos trámites fronterizos nos informa un funcionario mal encarado, de que no podemos embarcar, que el barco va lleno y que tendremos que esperar a que vaya y vuelva de Aktau (5 días).
¿Qué hacemos?, nos vamos a otro de los contenedores/oficina contiguos y contactamos con un consignatario, allí le contamos un camelo de que somos representantes de una organización mundial y que tenemos un congreso en Kazajistán al que tenemos que llegar con urgencia porque esperan nuestra ponencia. Paseos oficina arriba, oficina abajo, saludamos al jefe de la autoridad portuaria que nos quería conocer, cuatro reverencias, un poco de protocolo fingido y al final conseguimos que nos embarcasen de forma preferente 🙂 . El pasaje eran unos 200$ por persona, moto incluida. Debía ser abonado en metálico en dólares. En otro contenedor anexo había un banco cutre con un hombre que se disponía a partir a comer. Lo enganchamos de milagro y después de varias súplicas accede a cambiarnos dinero. Marrón resuelto, seguimos.
Y ahora…. ¿Como se embarca? ¿Cuando zarpa? Fácil, cuando se llena el barco. No tiene frecuencia horaria, ni días, ni ningún tipo de previsión.
Gracias a que sabíamos que ya estaba atracado estuvimos solo cuatro horas en la explanada. Entablamos conversación con todos los que allí estaban, la mayoría kazajos, que nos iban relatando las bondades de su país, mucho más avanzado que Uzbekistán, según ellos.
A lo lejos observamos como se acercaba un motero auténtico a bordo de una “veterana” negra de 40 años, una BMW R100R perfectamente pertrechada. Aparcó junto a nosotros, presentaciones, donde vienes, a donde vas… Aquí conocimos el que resultaría ser nuestro buen amigo de viaje, el Doctor italiano Vincenzo que había partido de Bolonia con la intención de llegar al Registán, posteriormente a Irán a ver un colega, para cerrar la vuelta volviendo de nuevo a su tierra. Una gran persona con la que compartimos intensamente desde ese momento camarote, vivencias y ruta de la seda hasta Samarkanda.
Mientras esperábamos a ser embarcados se sucedían las entradas y salidas del barco. Ya por último se introdujo un tren completo por su popa, con un sistema de raíles en los que Jordi casi deja un pie. El barco era el final de vía y el transporte de vagones se hacía de forma prácticamente automática.
Nos llego el turno de embarcar. Al fin subimos a bordo. La estiba de las motos la tuvimos que hacer nosotros mismos con unos cabos de esparto que nos facilitaba la variopinta tripulación de aquella carraca. Los marineros ucranianos y rusos se desentendían por completo de nosotros y de nuestras motos.
En fila india hacia la “recepción” del barco. Una señora bajita de unos 60 años, hiperactiva, al más puro estilo Rottenmeier, a grito pelado repartía las llaves entre los presentes en un idioma ininteligible. Juego de sábanas, manta, a ésta hora aquí se cena y se come, tú vas con éste y tú con el otro.

Nos pudimos juntar los tres en el mismo camarote. El barco es un carguero, sin espacio para pasaje. Los pocos viajeros que embarcan hacen uso de las instalaciones pensadas para la marinería. Hay pocos camarotes y no está habilitado al uso, tal y como conocemos los barcos de pasaje en Occidente.
Nos embarcaron unas 9 horas antes de la largada. Zarpamos sobre la 01:00 de la madrugada.
Comienza nuestras singladura por el Caspio, nos esperan 30 horas de travesía hasta Aktau.
El mar Caspio podría ser denominado lago, pero la inmensa fortuna en petróleo y gas que acumula hace que lo denominen mar. De esta forma las leyes internacionales permiten a cada país explotar un zona acotada. En el supuesto de que fuera un lago, cada país podría explotarlo al completo con el consiguiente desastre ecológico que supondría. Hay cientos de plataformas petrolíferas visibles desde la costa tanto de día como de noche.
Al camarote a dormir.

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