Y llegó el 7 de mayo !!! Que si, que es verdad, que nos vamos.

    Tenemos por la proa entre escalas, esperas y transbordos 18 horas de viaje, salimos de día y llegaremos de día obviando una noche que se irá diluyendo a medida que crucemos meridianos, hoy es el día de la marmota, de aeropuerto en aeropuerto.

    Es difícil de creer que después del encierro, tras 18 meses de negros nubarrones, estemos de nuevo con el proyecto en marcha. Esta vez vamos muy ligeros de equipaje, dos mochilas, no tenemos billete de vuelta, disponemos de 22 días y sabemos que a excepción de Uzbekistán, los demás países que circundan Kirguistán nos tienen vetado el paso. Rusia, Mongolia, Kazajistán, Irán, Turkmenistán, Tayikistán, de momento son lugares prohibidos para los pasaportes españoles.

Pero Kirguistán, con un simple test PCR negativo, sin ningún tipo de visado, nos recibirá como siempre hospitalario, con los brazos abiertos y vamos, esta vez vamos con la intención de recorrer y disfrutar del país al milímetro.

    Por otra parte, el motivo de éste viaje es para intentar abrir puentes y opciones para ver como afrontaremos la segunda gran fase del proyecto. Tenemos que atender las motos que nos llevaron hasta aquí y tenemos que solucionar mucho papeleo para regularizar la situación de las mismas. Ricard Tomás, nuestro querido Ricard que de forma desinteresada ha velado de nuestras monturas en su propio domícilio se merece que nos mostremos físicamente, para de alguna forma, compensar el tremendo favor que nos está haciendo y que por siempre le estaremos agradecidos. Parafraseando al gran Miguel de Cervantes en su prólogo del Quijote, si pasa por vuestra mente como “desocupados lectores” en algún momento viajar a Oriente, no dudéis en contactar con Ricard Tomás de Asia for Adventure afatravel.net, él es el capo y el epicentro en Asia Central. Por nuestra parte vamos pertrechados, como buenos reyes magos de occidente, con una sobrasada mallorquina casera, un queso mahonés y una botella de un after shave de macho alfa de lomo plateado, que en Kirguistán no se vende, para agasajar al que se ha erigido como nuestro particular mecenas.

A las 08:30 horas embarcamos en Palma para pegar el primer saltito que nos conducirá a Barcelona. En un pestañeo ya hemos tomado tierra en El Prat. El paisaje es desolador, no hay nadie en el aeropuerto a excepción de los pasajeros de nuestro vuelo y algunos trabajadores deambulando por una terminal infinita. Ahora a hacer tiempo hasta el nuevo embarque a las 14:25 que nos llevará a Estambul.
La espera se hace larga, los bares y tiendas del aeropuerto están cerrados. A medida que transcurre la mañana se va animando un poco la cosa. En uno de los terminales ya se asigna el mostrador de facturación de la compañía que nos llevará a Kirguistán, la low cost Pegasus, el calco de Ryanair en Asia.
Pegasus en España és y no es. No existe físicamente. Su único teléfono (móvil) de atención al cliente, es una línea testimonial que nadie gestiona, con un contestador de mensajes saturado que no atiende a ningún tipo de requerimiento. Para poder hablar con la compañía la única solución es contactar con la central en Turquía, donde una robótica voz en turco académico te va indicando a duras penas los pasos a seguir para realizar cualquier gestión.

    Vamos al mostrador, ya son casi las 12:30 hrs. Allí nos recibe una amable señorita, que ni siquiera es de la compañía, se trata de un servício externo de gestión en tierra para la facturación y el embarque. Nos solicita el PCR negativo a la vez que nos facilita las tarjetas de embarque del primer tramo hasta Estambul, dada la imposibilidad de hacerlo online a través de la web de la compañía.

Al avión, otras tres horas y media hasta nuestro nuevo destino. El aeropuerto Sabiha Göcken en la antigua Constantinopla.
Y llegamos a Estambul después de un pequeño sobresalto. Debido al fuerte viento lateral, el piloto opta por abortar el aterrizaje cuando estaba a escasos 10 metros de tocar tierra y nos obliga a dar un rodeo aéreo antes de intentar una segunda aproximación que concluye de forma satisfactoria. Después de la ovación de rigor por parte del pasaje, como señal de alivio, aparecemos en la terminal del aeropuerto.

   Ring, ring… Morfeo salimos de Matrix, cuando encaramos el acceso a la terminal accedemos a otra dimensión, a la ¿? normalidad, al contrario que en Barcelona, aquí el aeropuerto está lleno, bullicioso, un contraste increíble con el desierto del Prat. Gente circulando, colas en las puertas de embarque, bares llenos, absoluta normalidad. ¿Quién se equivoca aplicando medidas restrictivas?. El tiempo dará la razón a unos u otros paises… De momento turísticamente, en mayo, Turquía nos está comiendo la tostada.

Comemos algo en uno de los numerosos bares de la terminal. Al paso por los controles policiales, una de las vigilantes pretende requisarme mi pequeña caja de herramientas Palmera que llevo para reparaciones de emergencia y que en el viaje anterior no hubo pega para transportarla. Al final, con un poco de diplomacia internacional, se me permite continuar con ella precintada.
Sobre las 19:45 hrs. embarcamos para enfilar la última etapa que nos conducirá a nuestro destino, que no es otro que el corazón de Asia Central. No se duerme. Es pronto para dormir en España, es tarde para dormir en Kirguistán, mientras tanto seguimos comiéndole horas al reloj.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *