ALTA MONTAÑA, EL RECHAZO DE UN DROMEDARIO Y EL DESTIERRO EN OUARZAZATE.

Domingo, 7 de mayo de 2023

Dejar atrás el frío y la piedra de Agoudal implica meterse en una de las rutas más auténticas del Atlas. Ha sido una noche perfecta en el Auberge Afoud: la cama muy cómoda, buena temperatura interior, la cena soberbia y lo mejor de todo, la atención y el trato de Hassan e Ibrahim. Una velada de lo más agradable. Me desperezo sin prisa a las 09:00 de la mañana; a esa hora el ruidoso grupo de alemanes con sus BMW ya había zarpado. Lo tengo clarísimo: el hotel Afoud es de obligada visita para todo buen motero que se precie de cruzar estas cordilleras. Es el mejor día del viaje hasta el momento.

Me pongo en marcha sobre las 10:00. El día amanece soleado, con una temperatura ideal de salida de 24 grados. Saliendo de Agoudal cojo la primera pista hacia los cañones y las Gargantas del Dades por la mítica ruta de las mil kasbahs, con destino final hoy en Ouarzazate. El mapa marca una etapa corta, de apenas 290 kilómetros, pero con un tramo inicial de unos 70 kilómetros de pistas puras de alta montaña que serpentean entre desfiladeros donde un error de trazada te manda directo al vacío. La pista es fantástica. El paisaje aquí es infinitamente más bonito, crudo y espectacular que en el desfiladero del Todra. Por el fondo del cañón discurre un río que inyecta vida al valle, vistiendo ambas riberas con una vegetación densa y cultivos locales. En los recodos del agua se ve a las mujeres lavando la ropa a mano, ajenas al paso del tiempo.

La travesía exige técnica: en algunos tramos la pista se estrecha de forma dramática con buenos precipicios en el margen izquierdo. Hay que pilotar de pie sobre las estriberas de la KTM, con los riñones tensos y manteniendo los cinco sentidos puestos en el suelo en según qué zonas comprometidas. El polvo se levanta como el humo de una batalla privada y sella las costuras de las alforjas, pero la máquina baila fina sobre la grava.

Al acabar el tramo de tierra retomo el asfalto hacia mi primer waypoint del día: el famoso café-restaurante Timzzillite, colgado en la cúspide de la serpiente del Dades, donde la carretera zigzagueante dibuja unas horquillas espectaculares que desafían la gravedad. Desde esa terraza de piedra, contemplando la cicatriz gris de asfalto encajonada entre paredes de roca roja que parecen sangrar bajo el sol, conozco a Alí. El tío me mira el hierro y, con todo el descaro del mundo, me propone cambiar la KTM por una cría de dromedario. Nos reímos un rato pero al final no hay trato; el dromedario no tiene depósito sobredimensionado para el Sáhara.

Tras el café negro, vuelvo a engranar primera para iniciar el descenso kilométrico por carreteras interiores hacia el sudoeste. Albert Camus dejó escrito en sus cuadernos que el desierto nos devuelve nuestra propia soledad amplificada; hoy el asfalto lunar fluye limpio y el día transcurre sin más incidentes mecánicos mientras los electroventiladores mitigan el calor del motor.

La entrada a Ouarzazate (El Hollywood de África – la Meca del cine) me recibe con los humos habituales de la urbe, pero la verdadera sorpresa del día aguarda en la recepción del hostal Kozyhome, el sitio que tenía reservado y pagado. Al llegar, el propietario, con una educación exquisita pero con una excusa peregrina de manual, me indica que tiene un problema con los baños de las habitaciones y que se ve obligado a anular mi reserva. Tras invitarme a un té de menta reglamentario y pedirme mil disculpas, me saca el capote: me dice que ha gestionado mi alojamiento en el hotel Ibis Ouarzazate. Eso sí, el movimiento me cuesta 15 euros más caro que su hostal. Sin ganas de ponerme a discutir en mitad de la tarde, accedo al destierro y me largo para el Ibis.

El hotel es el típico complejo de cadena internacional: un envoltorio exterior moro con equipamiento y comodidades 100% occidentales. Nada más llegar dejo los bártulos en la habitación espaciosa y me tiro de cabeza a la piscina para un chapuzón revitalizante que me devuelve la vida. La estampa junto al agua es un catálogo de contrastes: en la hamaca de al lado hay una mujer mora bañándose completamente vestida, mientras que en el patio descubro que el grupo de moteros alemanes talluditos me sigue persiguiendo; se han alojado aquí también, manteniendo siempre cierta distancia con sus BMW relucientes. Son unas auténticas patatas pisteando, pero compartimos espacio.

En la barra de la terraza de la piscina me pido la primera cerveza legítima de todo el viaje para limpiar la arena de la garganta. Acto seguido, localizo una lavandería cercana y llevo toda la ropa a lavar, que ya le tocaba de forma urgente; con tanto polvo acumulado en las pistas del Atlas me había quedado literalmente sin gallumbos limpios.

Con la colada hecha, me siento a cenar en un restaurante llamado Full Sun al lado del hotel mientras retransmiten la carrera de Fórmula 1. El rancho consiste en una ensalada de verdura, un tanto de pollo especiado, un batido de manzana, un mojito sin alcohol y un litro y medio de agua mineral para reponer los fluidos que el cuerpo exige. Una cena contundente que sale por unos ridículos 7 euros al cambio.

Regreso al Ibis con la ropa limpia en la bolsa, el estómago lleno y la mente tranquila. Mañana el Sáhara Occidental se pondrá a tiro de piedra, pero esta noche el hierro descansa a salvo en el párking.

🛠️ Informe de Carretera

  • Tramo: Agoudal – Pistas de alta montaña de las Mil Kasbahs (R703/R704) – Cañones del Dades – Boumalne Dades – Ouarzazate.
  • Estado de la Pista: Salida soleada a 24º. Tramo de 50 km de pista off-road de montaña espectacular, estrecha, con precipicios serios a la izquierda y firme roto de piedra suelta. Asfalto posterior en las horquillas de la serpiente del Dades limpio. Enlaces nacionales hacia Ouarzazate rápidos y sin tráfico pesado.
  • Estado de la Máquina: Comportamiento impecable del bicilíndrico. Las suspensiones WP trabajando fino en las zonas de precipicio y bacheo duro. El neumático trasero sigue perdiendo tacos por la roca pero aguanta el ritmo en asfalto. Retrovisores estables tras el reapriete matutino.
  • Incidencias: Despedida excelente de Hassan e Ibrahim en Agoudal. Intento frustrado de trueque de la moto por un dromedario con Alí en el mirador de Timzzillite. Overbooking y cancelación de habitación en el hostal Kozyhome por supuesta avería en los baños; realojamiento forzado en el hotel Ibis pagando 15 euros más. Visita obligada a la lavandería por falta de mudas. Cena económica en el restaurante Full Sun (8 euros) viendo la Fórmula 1.

 

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