Lunes, 8 de mayo de 2023
He pasado una buena noche en el Ibis de Ouarzazate; hotel cómodo, de estándar totalmente occidental, silencioso y con equipamiento que te hace olvidar por unas horas dónde estás metido. Me levanto sobre las 09:00 de la mañana sin excesivas prisas. Lo primero es ir a desayunar al mismo restaurante Full Sun donde cené anoche viendo las carreras. Acto seguido, paso por la lavandería local a recoger toda la ropa que dejé ayer; la colada completa me ha salido por unos ridículos 2 euros al cambio. Con los gallumbos limpios en las alforjas, la intendencia resuelta y el depósito lleno, toca volver a vestirse de romano.
Arranco la moto y apunto el manillar hacia el sur profundo. El primer tramo de la jornada discurre por una carretera secundaria sinuosa, de esas que divierten el pilotaje y exigen atención en cada curva. El paisaje se va desnudando a marchas forzadas a medida que nos aproximamos a las inmediaciones del Lago Iriki, un salar inmenso, plano y seco que anticipa la entrada al desierto más absoluto. Me detengo a comer algo rápido por el camino para mantener el ritmo, sufriendo una estafa por capullo. En estas rutas, si bajas la guardia un solo segundo, te la clavan con el menú o con cualquier tontería por el mero hecho de ver tu matrícula extranjera. Toca morderse la lengua, pagar el peaje del novato y seguir rodando.

El verdadero examen del día llega en un pueblo aislado, perdido en mitad de la nada y a unos 80 kilómetros antes de alcanzar Tata. El marcador de combustible empieza a bajar y decido curarme en salud para ir sobrado en las pistas coloniales que quedan por delante. En este erial no hay surtidores oficiales. Los lugareños me mandan a una caseta de adobe destartalada donde un tipo vende caldo en bidones de plástico. Le pido cinco litros. El paisano, oliendo la necesidad de la carretera, empieza a regatear a la defensiva, argumentando con mucha labia que allí no hay gasolineras cerca y que el coste del transporte de la gasolina en todoterreno desde la civilización es astronómico. Tras un tira y afloja de manual, accedo a su chantaje y pago el litro al precio absurdo de 1,95 euros al cambio (casi 20 dirhams). Le meto los 5 litros al tanque de la KTM con cara de pocos amigos. La supervivencia en el mapa también se paga en efectivo.
A partir de ahí, la ruta se convierte en desierto puro y duro. El termómetro de la pantalla TFT empieza a delirar y clava un calor infernal que oscila de forma constante entre los 40 y los 43 grados a la sombra. Por si fuera poco el horno de convección, el viento empieza a soplar con violencia en varios tramos, levantando remolinos de polvo y arena que voy sorteando sobre el asfalto como buenamente puedo. La conducción se vuelve física y tensa; la carretera secundaria está a tramos totalmente invadida por lenguas de arena suelta que barren la calzada y que pueden hacer que la rueda delantera pierda el agarre a la mínima distracción. El neumático trasero sigue perdiendo jirones de goma en las piedras del arcén, pero el motor austriaco rinde sin un solo amago de queja bajo el bochorno.
Logro alcanzar la meta de Tata sobre las 15:40 de la tarde, con la cordura pidiendo un lavado a presión y el sudor pegado a la espalda. Localizo el hotel de destino, el Relais des Sables. El complejo está recién reformado, exuda esa mística de las asistencias del antiguo París-Dakar y, su actual propietario fue piloto oficial en la mítica carrera y lo mejor de todo: ¡tiene piscina! Fiesta absoluta. Desarmó el equipaje de la 790, meto el hierro a buen recaudo en el párking privado del recinto a salvo del sol que lo calcina todo, y me tiro de cabeza al agua fresca. Un chapuzón legítimo junto al palmeral que te devuelve la vida y limpia la arena de las pestañas in diez minutos.


Tras pasar la tarde a mis cosas, ordenando las notas y revisando la tensión de la cadena, decido no complicarme la vida buscando locales fuera con el bochorno que hace en la calle. Ceno en el propio restaurante del hotel, un rancho excelente bajo el turno único que impone la disciplina del desierto. Me acuesto con el cuerpo limpio y el camastro fresco. Mañana la brújula apuntará por fin hacia el Atlántico, buscando los ecos de la Provincia 51 en Sidi Ifni.
🛠️ Informe de Carretera
- Tramo: Ouarzazate – Periferia del Lago Iriki (Salar) – Carreteras interiores del Anti-Atlas – Tata.
- Estado de la Pista: Carretera secundaria revuelta al inicio. Tramo intermedio y final desértico y rectilíneo, muy afectado por el calor extremo (40º) y fuertes rachas de viento con remolinos. Calzada invadida por lenguas de arena suelta en varios puntos críticos.
- Estado de la Máquina: Comportamiento noble bajo condiciones térmicas severas. Los electroventiladores trabajando a destajo. Consumo de combustible normal tras reponer los 5 litros de emergencia. El neumático trasero acusa la temperatura del asfalto ardiente.
- Incidencias: Recogida de la colada limpia en Ouarzazate (2 euros). Pequeño timo en el almuerzo de carretera. Estafa con el combustible de contrabando en un pueblo aislado a 80 km de Tata (gasolina de bidón pagada a 1,95 euros el litro). Llegada temprana a Tata (15:40) al hotel Relais des Sables con piscina, cena en el propio establecimiento y descanso óptimo.
