EL MITO DE LA ISLA Y EL AIRE QUE SE ESCAPA

Martes, 2 de mayo de 2023

Dejar una isla siempre tiene algo de amputación voluntaria. A las 08:00 el ferry de Balearia soltó amarras desde Palma y el chasis de la KTM 790 quedó trincado con cinchas en la bodega ya oliendo a salitre. Mallorca se quedaba atrás, disolviéndose en el espejo retrovisor del Mediterráneo. Cioran decía que la patria no es la tierra, sino la lengua; para un servidor, la patria es el espacio libre entre el puño del gas y el asfalto. Cinco horas de navegación rutinaria, con parada en Ibiza, para acabar atracando en Denia a las 13:00. Un rancho rápido en un barucho cerca del puerto, de esos donde el aceite de la freidora tiene más kilómetros que mi moto, y vuelta a la carretera. Combustible humano para el estómago y gasolina de 95 para el depósito.

El GPS marcaba algo más de cuatrocientos cincuenta kilómetros hasta Motril. Una tirada de calentamiento por la costa levantina y andaluza, bordeando el plástico de los invernaderos de Almería bajo un sol que ya empezaba a morder como un perro flaco. El bicilíndrico austriaco roncaba fino a cuatro mil vueltas, devorando el asfalto de la A-7. Pero la autovía es una anestesia para el espíritu. Hemingway afirmaba que en la guerra moderna mueres como un perro y sin motivo; en la autopista mueres de aburrimiento antes de que el neumático avise.

El aviso, sin embargo, llegó por la pantalla TFT. Faltaban cincuenta kilómetros para Motril cuando el testigo del TPMS delantero empezó a parpadear en naranja. Pérdida de presión. Dos con uno. Uno con nueve. Uno con siete. Maldita electrónica. El neumático tubeless acusaba una fuga, probablemente un flanco mal talonado o una válvula rebelde tras el último cambio de gomas para el Sáhara. La ironía es un plato que se sirve frío y con las manos llenas de grasa: no había pisado un solo centímetro de suelo africano y el hierro ya amenazaba con hincar la rodilla.

Llegué al Hotel Estrella del Mar con el aire justo en la cámara y el orgullo tocado. El puerto de Motril es un no-lugar, un limbo de hormigón y camiones esperando el salto al Estrecho. El personal del hotel, extrañamente hospitalario para lo que uno acostumbra a encontrar en los muelles, me despachó una cena decente en el propio restaurante y el personal del sitio fue muy atento, pero la cabeza estaba en otra parte. Es difícil pegar ojo y descansar tranquilo cuando sabes que en unas horas tienes que subir al siguiente barco y tu rueda delantera sigue perdiendo aire en el aparcamiento.

🛠️ Informe de Carretera

  • Tramo: Puerto de Palma de Mallorca – Dénia – Motril.
  • Estado de la Pista: Travesía marítima en calma chicha. Asfalto de autovía mediterránea predecible, térmicamente sobredimensionado y saturado de tráfico pesado en el eje de Almería.
  • Estado de la Máquina: Alarma en el sensor TPMS de la rueda delantera. Pérdida paulatina de presión (bajando a 1.6 bar al detener la marcha). Motor y transmisión en cotas óptimas de temperatura.
  • Incidencias: Embarque limpio. Intendencia costera sin contratiempos. Insomnio mecánico en el Hotel Estrella de Mar por fuga de aire no localizada en el neumático delantero.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *