EL REY DEL BARCO VACÍO Y EL INFIERNO DE TÁNGER

Miércoles, 3 de mayo de 2023

El instinto mecánico no descansa. A las 07:00 ya estaba arriba, con el café amargo pegado al paladar y la certeza de que el neumático delantero seguía perdiendo el aire necesario para el viaje. Tus sospechas eran ciertas: era el Día de la Cruz, festivo local oficial en Motril. Persianas bajadas, calles desiertas y ni una sola tienda de recambios abierta en todo el municipio para solucionar la papeleta.

Cargué el equipaje y me desplacé unos veinte kilómetros por la nacional hasta Almuñécar. Allí, esquivando el parón de la festividad, di con un concesionario de motos abierto. Colocamos el hierro sobre el caballete. Tras revisar la goma con agua y jabón, dedujimos que no había pinchazo clásico; la pérdida venía del obús, el pequeño émbolo de la válvula de inflado que no retenía la presión. El tiempo corría en contra; a las 12:00 debía estar fichando en la terminal de Motril. Sin espacio para desmontar la llanta, opté por la vía rápida de la supervivencia: compré un bote de líquido antipinchazos, metí la cánula y se lo vacié entero en las entrañas del neumático. Aire a presión, unos minutos rodando para repartir el compuesto, y la fuga se selló. Por si acaso, metí un segundo bote de reserva en el equipaje.

Llegué al puerto a las 13:00. El control de la Policía Nacional y los funcionarios de aduanas me miraron con una mezcla de sospecha y profunda extrañeza. El papeleo fue un trámite gélido; la razón se desveló al cruzar la pasarela. Era el único pasajero del barco. Absolutamente nadie más. Ni camiones, ni furgonetas de matrícula marroquí colmadas hasta el techo, ni turistas despistados. Todo el ferry de Balearia, un monstruo flotante de miles de toneladas, estaba reservado para mí y la tripulación. Jamás me había pasado algo igual.

 

Zarpamos a las 14:00 rumbo a Nador. La travesía fue un oasis absurdo. Los camareros y oficiales, aburridos ante la falta de pasaje, me convirtieron en el rey del buque. Me atiborraron a atenciones, comida y bebida gratis. Incluso me entregaron la llave de un camarote privado para que me echase una siesta si quería.

 

Como escribió Hunter S. Thompson, a veces la realidad es más extraña que cualquier delirio de ficción. Disfruté de mi yate privado de nueve cubiertas hasta que las grúas del puerto norteafricano recortaron el horizonte.

A las 20:30 el ferry tocó tierra en Nador. Los trámites de entrada en la aduana marroquí fueron inusualmente rápidos debido a la falta de volumen. El funcionario de fronteras miró mi pasaporte y, sin que yo mediara palabra ni lo solicitara, plantó un sello con un visado de estancia por seis meses. Una anomalía burocrática de las que se agradecen.

Puse la KTM 790 en carretera. La noche ya se había echado encima y decidí tirar de tirada larga hacia el oeste para pernoctar en Tánger. El destino final de la jornada fue un descenso a los infiernos logísticos: el hostal El Muniria junto al puerto, catorce euros la noche. Encontrarlo fue un laberinto desquiciante de callejuelas oscuras. El recepcionista demostró ser un gilipollas integral. Aunque el antro se anunciaba con parking, la realidad es que la moto tuvo que buscarse la vida. El edificio albergaba un pub en los bajos que escupía una música estruendosa que hizo vibrar los tabiques hasta las dos de la mañana. La habitación era un catálogo de salubridad tercermundista: sábanas con restos dudosos, mosquitos zumbando en el oído y cucarachas del tamaño de un pulgar patrullando el suelo. Repugnante se queda corto.

Para ir haciendo paladar a la realidad del continente, salí a cenar algo rápido por Tánger. El contraste era total: las calles bullían de actividad, el paseo marítimo estaba lleno de gente paseando bajo las luces de la noche y el olor a especias y humo de carbón lo inundaba todo. Regresé al camastro infecto y dormí como pude, con un ojo abierto y la mente puesta en las dunas que quedaban por delante.

🛠️ Informe de Carretera

  • Tramo: Motril – Almuñécar – Puerto de Motril – Mar de Alborán – Nador – Tánger.
  • Estado de la Pista: Travesía marítima plana como un espejo. Asfalto marroquí interurbano correcto en los tramos principales, pero accesos urbanos en Tánger rotos, oscuros y caóticos.
  • Estado de la Máquina: Válvula delantera reparada de emergencia con moco antipinchazos. El sellado aguanta la presión nominal (2.4 bar) tras la tirada nocturna. Consumo de combustible normal.
  • Incidencias: Festivo local en Motril salvado en Almuñécar. Viaje insólito como único pasajero a bordo. Visado marroquí de seis meses de regalo en Nador. Alojamiento nauseabundo, ruidoso y sin parking en Tánger.

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