Viernes,19 de mayo de 2023
El ferry de Balearia encajó sus defensas contra los muelles de Motril exactamente a las 07:00 de la mañana. Las compuertas de la bodega se abrieron soltando una bocanada de aire húmedo y peninsular. Despierto desde el amanecer, arranqué el motor bicilíndrico en las entrañas del buque y saqué el hierro a la luz del día. Volver a pisar asfalto europeo tras la inmensidad sahariana y el hermetismo del Rif siempre produce un extraño efecto de descompresión; las señales de tráfico se respetan, las líneas pintadas en el suelo vuelven a tener valor legal y nadie te pide una fiche en los cruces.
No había tiempo que perder en Andalucía. Tenía por delante una jornada de puro trámite logístico: cruzar toda la costa mediterránea en una contrarreloj asfáltica para plantarme en Denia antes de las 17:00, hora en la que zarpaba el último barco de vuelta a Mallorca. Uní de una sola tacada las etapas que a la bajada me habían tomado dos días. El viaje de vuelta es siempre una línea recta en la mente del conductor. El paisaje monótono de los invernaderos de Almería y las autovías saturadas de Murcia y Alicante pasaron desdibujados a los lados del casco, reducidos a un mero trámite geográfico. Mantener el gas fijo, vigilar los retrovisores y dejar que el tacómetro marque el compás regular de la marcha. El neumático delantero, aquel que amenazó con arruinar la campaña antes de cruzar el Estrecho, mantenía su presión nominal intacta; el moco químico se había ganado con creces su sitio en el inventario de supervivencia.
Albert Camus escribió que no hay destino que no se venza con el desprecio, y el desprecio del motorista en las etapas de enlace se traduce en no mirar el reloj y avanzar sin detener, solo para repostar. Paré lo justo: gasolina de 95 octanos y un café rápido de máquina en una estación de servicio despersonalizada. Combustible para seguir quemando kilómetros de asfalto liso. A las 15:30, con el margen de seguridad que exige la intendencia de aduanas, el hierro detuvo su marcha en la terminal marítima de Denia. El objetivo estaba cumplido.
A las 17:00 el ferry soltó amarras apuntando el castillo de proa hacia las Baleares. Con la moto trincada de nuevo en la bodega entre el olor a salitre y pintura marina, subí a la cubierta superior a ver cómo la costa levantina se disolvía en la calima de la tarde.
El asalto sahariano había terminado. En el petate quedaban la daga bereber comprada en Marrakech, la costra de polvo del Atlas pegada a la cordura y la pegatina de Sahara Bikes pegada en la señal de entrada al Sidi Ifni y la impronta en la frontera de la Agüera. El viajero en moto anónimo regresaba a su isla con el orgullo entero, la máquina intacta después de 7.500 kms y la certeza absoluta de que el desierto te cambia los ojos para siempre. El círculo se había cerrado.
🛠️ Informe de Carretera
- Tramo: Puerto de Motril – Almería – Murcia – Alicante – Dénia – Mar Mediterráneo – Palma de Mallorca.
- Estado de la Pista: Autovías europeas en estado óptimo, limpias de arena y predecibles. Travesía marítima hacia Mallorca con el mar en calma chicha y puntualidad en el atraque.
- Estado de la Máquina: Fin de campaña. El hierro regresa a boxes sin una sola avería mecánica de consideración. El compuesto sellador de la rueda delantera aguantó toda la ruta de retorno sin perder un solo bar de presión. El motor pide cambio de aceite y filtros urgentes.
- Incidencias: Desembarque limpio en Motril a las 07:00. Maratón asfáltica por el Levante completada dentro del horario previsto. Embarque en Dénia a las 17:00 y llegada a Mallorca. Fin del Proyecto 2023 — El asalto sahariano.
