Fecha de la tirada: Del lunes 1 al jueves 4 de junio de 2026
Despedirse de la Isla de Man deja siempre una extraña sensación de vacío, una resaca de decibelios y adrenalina que se tarda días en digerir. El lunes 1 de junio a las 14:00 horas, las rampas del catamarán rápido Manannan engullían de nuevo nuestras monturas en el puerto de Douglas.

La travesía de tres horas de regreso a Liverpool sirvió para procesar mentalmente las imágenes de una semana histórica en el Snaefell. Al desembarcar, pusimos rumbo directo al Ibis Albert Dock, un refugio estratégico en pleno corazón portuario de la ciudad del Merseyside. Con las Hondas seguras, dedicamos la tarde-noche a cumplir la liturgia que nos había quedado pendiente a la ida. Bajamos a pie hasta Mathew Street para adentrarnos en las catacumbas de The Cavern. Entre los míticos muros de ladrillo que vieron nacer a los Beatles, rodeados de reliquias del rock y turistas de medio mundo, nos cobramos la pinta reglamentaria de cerveza. Un brindis necesario por haber sobrevivido al asfalto de la isla antes de encarar el regreso a la península.

El martes la carretera nos exigió madrugar para cruzar media Inglaterra hacia el sur. Fue una tirada ágil y decidida por la M5 hasta hacer noche en el Ramada by Wyndham Bristol West, un hotel funcional de autopista idóneo para no perder tiempo en enlaces urbanos. Al día siguiente, el miércoles 3 de junio, las motos devoraron los últimos kilómetros británicos hasta el puerto de Plymouth. Allí aguardaba el Pont-Aven, el buque insignia de Brittany Ferries. A diferencia del catamarán rápido o de los ferries convencionales, este barco es un auténtico crucero sobre el Atlántico. A las 15:45 soltamos amarras, disponiendo de 16 horas de travesía impecable, con restaurante de nivel, camarotes amplios y un navegar tan noble que permitía olvidar que estábamos cruzando las aguas siempre complejas del golfo de Vizcaya.

El jueves 4 de junio, a las 13:00 del mediodía, el Pont-Aven tocaba tierra en el puerto de Santander. Fue el momento exacto en el que el viaje a dúo llegó a su fin. En los muelles cántabros, tras un abrazo rápido y el cruce habitual de miradas de complicidad, los caminos se bifurcaron: Rafa enfiló su NC750 hacia el este, buscando la ruta de regreso a Barcelona; yo, por mi parte, decidí que la aventura no había terminado y puse la proa de la 650 en dirección contraria, iniciando mi particular vuelta a la península en busca del sur. El localizador satelital registra los primeros movimientos en solitario a las 14:17 en la N-634, a la altura de Cabezón de la Sal. Allí tocaba cumplir con la rutina del asfalto: paré a repostar en la gasolinera y me metí en el restaurante pegado a los surtidores para comer algo con calma. Una parada técnica, honesta y solitaria, idónea para ajustar el equipaje, revisar presiones y mentalizarme para la paliza que venía. Lo que siguió fue un hachazo brutal de más de cuatro horas por la autovía del Cantábrico, tragando las millas de la cornisa norteña bajo un ritmo constante, hasta cruzar el mapa gallego por la Autostrada do Atlántico. A las 19:30 de la tarde, el motor de la 650 se detenía definitivamente en Poio (Pontevedra). Había llegado a un refugio sagrado, al oráculo del aventurero motero.
En Poio me esperaban Paco y Eva, las almas detrás de la célebre web viajera asientopara2.com, hablar de ellos es hablar de la aristocracia del mototurismo de largo recorrido; aventureros auténticos, de los que no necesitan postureos para demostrar los miles de kilómetros que arrastran en las costillas. Son de esa clase de amigos que la carretera te regala en los lugares más inverosímiles: nos conocimos hace años en Biskhek, la capital de Kirguistán, en pleno corazón de Asia Central, y desde aquel encuentro en la ruta de la seda mantenemos una amistad inquebrantable, blindada por la gasolina y las vivencias compartidas. Paco es un cronista excepcional, de los que saben acariciar el teclado con la misma sensibilidad con la que trazan una curva o reparan una rodilla maltrecha, y Eva es pura luz, un cielo de persona que te hace sentir en casa desde el segundo en el que te quitas el casco. Quedarme en su casa durante dos días fue el mejor bálsamo posible tras la resaca del Tourist Trophy.
Hubo tiempo para todo en las Rías Baixas, incluso para los contrastes gastronómicos. Una de las noches fuimos a cenar al prestigioso restaurante Casa Solla, un templo de la cocina vanguardista con estrella Michelin. Sin embargo, el colmillo curtido de un periodista de carretera no se deja engañar fácilmente por los fuegos artificiales de la alta cocina; salí de allí sintiéndome un poco desnortado, echando de menos la honestidad de un rancho auténtico y el peso real de los platos tradicionales frente a los menús de diseño que cobran más por el concepto que por el propio condumio.


El reencuentro en Poio guardaba además un componente de mística motera inolvidable. En el garaje de Paco descansa la mítica Fefa, la celebérrima Honda Transalp que perteneció al escritor y viajero Fabián Barrio, el mítico hierro con el que cruzó continentes enteros y dio la vuelta al mundo escribiendo algunas de las páginas más brillantes de la literatura de viajes contemporánea “Salí a dar una vuelta”. Ver esa moto, idéntica en ADN al viejo bicilíndrico que me ha acompañado a Man, es pisar la historia viva del mototurismo español.

El jueves por la mañana llegó el momento de reanudar la marcha hacia Andalucía. Paco y Eva decidieron escoltarme en el arranque de la jornada a lomos de la legendaria Fefa. Salimos de Poio pasadas las once de la mañana, disfrutando de la sintonía de llevar dos Transalp hermanas rodando al unísono por las carreteras del noroeste. Cruzamos el interior gallego hasta Verín y, desde allí, pasamos la frontera lusa buscando la localidad de Chaves. En el distrito de Vila Real cumplimos con el último rito antes de la despedida: nos sentamos a la mesa para dar buena cuenta de un bacalao portugués soberbio, cocinado con la honestidad y el punto exacto que solo los taberneros del norte de Portugal saben darle al pescado.

Un almuerzo que sirvió para sellar el abrazo del adiós temporal. A las 14:30 de la tarde, ellos viraron el manillar de vuelta a Galicia y yo me quedé a solas con el asfalto, cruzando los paisajes interiores de Guarda por Celorico da Beira. La tarde cayó sobre los campos salmantinos mientras la 650 devoraba los últimos kilómetros transfronterizos, plantando el caballete a las 20:15 de la tarde en la monumental Ciudad Rodrigo. Las murallas castellanas me reciben de paso hacia el sur; el viaje cambia de piel, pero los kilómetros acumulados en las retinas ya no hay quien los borre.
🛠 Informe de Carretera
- Tramo: Douglas – Liverpool (Albert Dock) – Bristol – Puerto de Plymouth – Puerto de Santander – Cabezón de la Sal – Poio (Pontevedra) – Verín – Chaves (Portugal) – Ciudad Rodrigo (Salamanca).
- Estado de la Pista: Travesía de regreso impecable en el fast-ferry Manannan y navegación de lujo de 16 horas en el Pont-Aven hasta Santander. Autovías británicas rápidas (M5) y cornisa cantábrica (A-8) en óptimas condiciones de rodaje. Tramos revirados del interior orensano y carreteras del distrito de Vila Real en Portugal con buen firme y agarre seco. Entrada a Ciudad Rodrigo por la N-620 limpia al atardecer.
- Estado de la Máquina: El viejo bicilíndrico de la Transalp 650 devoró el trayecto transpeninsular sin el menor desfase; los consumos siguen en cotas perfectas y los neumáticos mantienen el tipo tras el desgaste acumulado en las islas británicas. La NC750 de Rafa se despidió en Santander en perfectas condiciones operativas. Fefa, la Transalp histórica de Paco, demostró mantener intacta su nobleza rutera en el tramo de escolta.
- Incidencias: Pernocta urbana en Liverpool con visita a The Cavern completada. Embarque y logística ágil en Plymouth. Despedida de la ruta a dúo en el muelle de Santander. Repostaje y almuerzo rápido en el restaurante de la gasolinera de Cabezón de la Sal. Dos jornadas de hospitalidad inmejorable en casa de Paco y Eva en Poio. Decepción gastronómica en Casa Solla frente al posterior homenaje de bacalao tradicional en Chaves. Enlace luso completado sin contratiempos mecánicos hasta Salamanca.
